Salud Psico Perinatal

«Ser madre no debería costar la salud mental», dice una experta en psicología

La maternidad tiene una conversación que casi no ocurre. Sucede a las tres de la madrugada, cuando una madre sostiene a su bebé llorando y, en vez de solo sentir ternura, siente también agotamiento, angustia, y algo que no se anima a decir en voz alta: que esto no es lo que esperaba.

Esa conversación no ocurre porque el guión social dice que la maternidad es lo más hermoso que le puede pasar a una mujer. Que el amor es instintivo, inmediato y arrollador. Que una buena madre no se queja, no duda, no necesita ayuda. Y entonces, cuando la realidad choca con ese mandato, el resultado no es una conversación. Es vergüenza y una soledad que duele más que el propio cansancio.

El modelo imposible

La sociedad construyó durante siglos una imagen de lo que debe ser una madre: paciente, amorosa, disponible, organizada, presente, trabajadora y además bien arreglada. Este modelo de madre perfecta no existe. Nunca existió. Pero está tan instalado en el imaginario colectivo que muchas mujeres lo asumen como parámetro real con el que medirse. Cuando la vivencia cotidiana no coincide con ese ideal, muchas madres no cuestionan el ideal. Se cuestionan a sí mismas.

El choque que lastima

Quienes trabajamos en psicología perinatal lo vemos todo el tiempo: el momento en que la maternidad soñada colisiona con la maternidad real. Ese choque tiene consecuencias concretas. La ansiedad perinatal, la depresión posparto y otros trastornos del estado de ánimo afectan a entre el 15 y el 20% de las madres. La mayoría no recibe atención porque no lo identifica como un problema de salud, porque no consulta por vergüenza, o porque el sistema no lo detecta a tiempo.

Un problema que no es solo de las madres

La salud mental de una madre no es un asunto privado. Es el eje de un sistema de relaciones que se ve afectado en cadena. La capacidad de una madre de sintonizar emocionalmente con su hijo, de construir ese lazo de apego seguro que es fundamental para el desarrollo cognitivo y emocional, depende en gran medida de su propio estado interno. Una madre agotada, ansiosa o con la autoestima destruida no puede dar lo que no tiene. No porque no quiera, sino porque es humanamente imposible.

La pareja también resulta afectada. Cuando una de las partes carga sola con el malestar, la distancia crece. Y finalmente, hay un impacto laboral y social: muchas madres dejan de lado proyectos, ambiciones y espacios de disfrute propio porque la culpa no les permite priorizarse.

Nombrar para sanar

La psicología perinatal existe para dar respuesta a este momento de la vida que ha sido históricamente invisibilizado. No alcanza con el control obstétrico ni con el seguimiento pediátrico. La madre también necesita ser vista y acompañada como sujeto, no solo como soporte de otro.

Invertir en salud mental materna no es un gasto social. Es la política de salud pública más eficiente que existe, medida en términos de vidas que se desarrollan de manera plena en lugar de cargar con heridas no atendidas. Cuidar la salud mental de las madres no es opcional. Es el principio de todo lo demás.

Publicado originalmente en La Capital el 11 de mayo de 2026.

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